“From My Home to Yours”

A little recap of a sale that ended up feeling like something much more special.

 

Recently, I opened the doors of my home for a small private sale.

 

There were clothes, accessories, shoes, and objects that, in one way or another, had been part of different moments of my life. Some had been with me for years, while others had simply reached the end of their chapter with me.

 

And I loved the thought that letting go doesn’t necessarily mean something has to disappear.

 

For a couple of days, my home transformed a little. Tables filled with objects, clothes waited to be rediscovered, and between conversations, familiar faces, and people coming and going, something that started as a simple sale began to feel like something much more meaningful.

 

I’ve always had a special connection with objects — their stories, the way they age, and the memories or feelings we attach to them. Maybe that’s why I love finding vintage pieces, transforming things, or imagining a new life for something someone else once left behind.

 

This time, it was the other way around.

 

My things were the ones beginning a new story.

 

There was something beautiful about seeing pieces I once chose and loved become exciting and special to someone else.

 

I also loved the intimacy of doing it at home. It wasn’t a store or a perfectly produced event. It was simple, personal, and close — a space to share, talk, and allow things to naturally find their next person.

 

As I watched pieces slowly leave my home, I kept thinking about how letting go can also be a way of making space.

 

For new things, maybe.

 

But mostly, for new chapters.

 

Thank you to everyone who came, found something they loved, and became part of these days.

 

I love imagining that little pieces of past stories are now continuing somewhere new.

 

From my home to yours.

 

— MARALOVE

 

🤍

 

 

“De mi Casa a la Tuya”

Por Mariel Méndez | MARALOVE

 

Un pequeño recap de una venta que terminó sintiéndose como algo mucho más especial.

 

Hace poco abrí las puertas de mi casa para hacer una venta.

 

Había ropa, accesorios, zapatos, objetos y muchas cosas que, de alguna manera, habían formado parte de diferentes momentos de mi vida. Algunas estuvieron conmigo durante años; otras simplemente habían cumplido su ciclo.

 

Y me gustó pensar que no todo lo que dejamos ir tiene que desaparecer.

 

Durante esos días, mi casa se transformó un poquito. Las mesas se llenaron de objetos, la ropa encontró nuevos ojos y, entre personas entrando y saliendo, conversaciones y encuentros, algo que comenzó como una venta terminó sintiéndose como algo mucho más especial.

 

Siempre he sentido una conexión particular con los objetos. Con su historia, con la manera en que envejecen y con todo lo que pueden representar en determinado momento. Quizá por eso disfruto tanto encontrar piezas vintage, transformar cosas o imaginar una nueva vida para algo que alguien más dejó atrás.

 

Esta vez fue al revés: eran mis cosas las que comenzaban otra historia.

 

Hay algo bonito en saber que aquello que alguna vez elegiste puede volver a emocionar a alguien más.

 

También me gustó la intimidad de hacerlo en casa. No fue una tienda ni un evento perfectamente producido. Fue algo cercano, sencillo y muy personal. Un espacio para compartir, conversar y dejar que las cosas encontraran naturalmente a su siguiente persona.

 

Y mientras veía cómo poco a poco algunas piezas se iban, pensé que quizá soltar también es una forma de hacer espacio.

 

Para nuevas cosas, sí.

 

Pero sobre todo, para nuevas etapas.

 

Gracias a todas las que vinieron, encontraron algo que les gustó y fueron parte de estos días.

 

Me encanta imaginar que pequeños pedacitos de historias pasadas ahora continúan viviendo en lugares nuevos.

 

— MARALOVE

 

Leave a comment